05/01/2026
La detención de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre en el escenario político regional y expuso el derrumbe del entramado de apoyos internacionales que sostuvo al régimen venezolano durante años. En el momento más crítico, ninguno de los gobiernos aliados activó mecanismos diplomáticos, militares o de inteligencia para impedir su captura.
El operativo, ejecutado por fuerzas de elite estadounidenses, se concretó sin resistencia efectiva y derivó en el traslado inmediato de Maduro a un buque militar en el mar Caribe, desde donde fue llevado a territorio norteamericano. Allí enfrentará cargos judiciales por delitos encuadrados bajo la figura de narcoterrorismo, por los que pesaba una recompensa millonaria.
Uno de los datos más reveladores fue la ausencia de Cuba, históricamente encargada de la seguridad y el control interno del poder venezolano. Fallaron tanto el anillo de protección física como los sistemas de inteligencia cubanos, que no detectaron a tiempo la infiltración de informantes en el círculo íntimo del ex mandatario.
También Rusia optó por una reacción meramente declarativa. Moscú no activó ninguna operación concreta, repitiendo un patrón ya observado en otros escenarios internacionales donde antiguos aliados quedaron librados a su suerte. A diferencia de otros casos, Maduro no tuvo margen para una salida negociada ni para un exilio acordado.
El rol de China quedó igualmente en entredicho. Aunque delegaciones diplomáticas habían expresado respaldo político en los días previos, ese apoyo no se tradujo en acciones concretas cuando se desarrolló el operativo. El gesto final fue interpretado como una señal de distanciamiento ante un escenario irreversible.
Por su parte, Irán, pese a su presencia estratégica en Venezuela y a los vínculos logísticos y energéticos sostenidos en los últimos años, tampoco intervino. La relación, centrada en eludir sanciones internacionales, mostró sus límites frente a una acción directa de Estados Unidos.
El impacto político de la captura se extiende más allá de Maduro. Dirigentes clave del chavismo quedaron expuestos y bajo presión, conscientes de que el respaldo externo ya no es una garantía de protección. El mensaje fue claro: el sostén internacional del régimen venezolano se desmoronó en cuestión de horas.
La caída de Maduro no solo cierra una etapa del poder en Venezuela, sino que redefine el tablero geopolítico regional, dejando al descubierto la fragilidad de las alianzas cuando el costo político y militar supera los beneficios estratégicos.
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