09/01/2026
Bolivia atraviesa una jornada de bloqueos masivos en rutas estratégicas y centros urbanos, en el marco de una creciente conflictividad social provocada por un paquete de reformas económicas promovido por el Ejecutivo. La medida más cuestionada es el fin de los subsidios a los combustibles, una política que impactó de forma directa en los precios del diésel y la gasolina.
Según datos oficiales, se registraron al menos 32 puntos de corte en carreteras nacionales y regionales, lo que provocó el aislamiento de ciudades como La Paz y la interrupción del transporte hacia zonas productivas y pasos fronterizos. La situación afecta el comercio interno, la exportación y el abastecimiento de insumos básicos.
El detonante de las protestas fue un decreto económico aprobado en diciembre que puso fin a más de dos décadas de subvención estatal al combustible, duplicando su valor en el mercado interno. Desde el gobierno sostienen que la decisión apunta a ordenar las cuentas públicas, frenar el drenaje de reservas internacionales y estabilizar la economía.
Funcionarios del área económica defendieron el rumbo adoptado y aseguraron que la eliminación del subsidio permitió normalizar el abastecimiento, reduciendo las largas filas que se habían vuelto habituales en estaciones de servicio durante los últimos meses.
La respuesta de sindicatos, centrales obreras, organizaciones campesinas y sectores docentes fue inmediata. Las protestas comenzaron de forma sectorial, pero rápidamente se expandieron y derivaron en una paralización parcial del país. Los manifestantes exigen la derogación del decreto, al que consideran regresivo y perjudicial para los sectores populares.
Desde las organizaciones gremiales advirtieron que la liberalización de precios y la apertura a inversiones extranjeras podrían derivar en procesos de privatización de empresas estatales, especialmente en áreas estratégicas como minería, hidrocarburos y litio.
El conflicto representa el primer gran desafío para el actual gobierno, que llegó al poder tras un extenso ciclo de administraciones de orientación progresista. Si bien el Ejecutivo ratificó su disposición al diálogo, aclaró que no dará marcha atrás con el cambio de modelo económico, aunque evalúa revisar aspectos secundarios de la normativa.
Mientras tanto, el impacto de los bloqueos ya se siente en la economía diaria, con vehículos varados, demoras en el transporte de alimentos y pérdidas en el sector privado. A esto se suma la preocupación por la inflación, que en los últimos meses mostró un fuerte incremento interanual.
El gobierno insiste en que las reformas son indispensables para evitar un mayor deterioro económico, pero en las calles crece el malestar social y la presión sindical. En ese contexto, Bolivia enfrenta un escenario de alta tensión, con un país virtualmente fragmentado por los cortes y una salida política que, por ahora, aparece lejana.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.