19/02/2026
Jerí había asumido la jefatura del Estado en octubre de 2025, tras la destitución de Dina Boluarte, en su condición de presidente del Parlamento y siguiente en la línea de sucesión. Su permanencia fue breve: cuatro meses después, el Congreso aprobó una moción de censura que lo apartó del cargo.
La crisis se aceleró tras la difusión de reuniones extraprotocolarias entre Jerí y empresarios, que derivaron en investigaciones fiscales por presunto tráfico de influencias. A ello se sumaron cuestionamientos por contrataciones en el Palacio de Gobierno.
Según analistas políticos peruanos, el deterioro de su respaldo respondió a una combinación de factores: el costo reputacional de las investigaciones y el contexto electoral. Con elecciones generales en puerta, varios bloques legislativos optaron por retirarle apoyo para evitar desgaste político.
La moción prosperó con 75 votos a favor y 24 en contra, confirmando que el Ejecutivo carecía de una base sólida en el Parlamento.
Más allá del caso puntual, especialistas señalan un problema más profundo: la facilidad con la que el Congreso puede remover a un presidente. La Constitución vigente -promulgada durante el gobierno de Alberto Fujimori- contempla la figura de la "vacancia por incapacidad moral permanente", un concepto amplio cuya interpretación queda en manos de los propios legisladores.
Para algunos expertos, esa ambigüedad genera incentivos políticos que favorecen la inestabilidad. La vacancia, sostienen, se convirtió en una herramienta de presión y negociación en un sistema fragmentado, con partidos débiles y alianzas volátiles.
Otros analistas, en cambio, consideran que el problema no radica exclusivamente en la norma, sino en el comportamiento de los actores políticos, marcados por intereses de corto plazo y coaliciones precarias.
El Congreso deberá elegir a su nuevo titular, quien asumirá automáticamente la presidencia interina hasta el 28 de julio, cuando tome posesión el mandatario que resulte electo en los comicios.
Sin embargo, la incertidumbre persiste. Con más de 30 partidos en competencia y sin liderazgos con amplio respaldo ciudadano, el próximo presidente probablemente enfrentará un Congreso fragmentado y deberá negociar apoyos desde el inicio.
La experiencia reciente sugiere que, sin acuerdos políticos estables y reglas más claras, la presidencia peruana seguirá siendo -en palabras de algunos analistas- una "manzana envenenada": un poder formal que puede desmoronarse con rapidez en un sistema institucional tensionado.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.